Por Isidro Torres
Contra la visión androcentrista y los sesgados vaticinios que interesadamente intentan subestimar la intrepidez y la capacidad política de la mujer dominicana para abrírse espacios institucionales y poder presentar su legítima aspiración de dirigir al país, lo cierto es que, cada vez más esa misogina y excluyente consideración está siendo derrotada, no sólo en nuestro país, sino, además, por la creciente tendencia que en el mundo democrático y por voluntad popular, han facilitado el tránsito para que una mujer acceda a dirigir los destinos de sus respectivos países.
Sobre este tema, en República Dominicana, se conocen las socorridas opiniones autorizadas de personalidades políticas y de la sociedad civil, que entienden que en nuestro país están dadas las condiciones para que una mujer asuma la dirección del Estado.
Las interesadas maniobras mediáticas apoyadas en ancestrales manifestaciones culturales y políticas, que a lo largo de la história han intentado reducir el desarrollo político y profesional de la mujer, chocan con el papel protagónico que a nivel nacional e internacional siguen jugando las mujeres.
