RD reduce el hambre crónica, pero 4.7 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria

Sala de Redacción
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Santo Domingo.– República Dominicana logró reducir la subalimentación por debajo del 2.5 %, umbral utilizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura para identificar a los países con menor prevalencia de hambre crónica.

El avance permitió que el país saliera del denominado mapa del hambre. Sin embargo, las estadísticas también muestran que una parte considerable de la población continúa teniendo dificultades para acceder regularmente a una alimentación suficiente y saludable.

El 41.3 % de los dominicanos, equivalente a alrededor de 4.7 millones de personas, experimenta inseguridad alimentaria moderada o grave. Dentro de este grupo, aproximadamente 2.1 millones se encuentran en una situación grave.

Aunque parecen contradictorios, los indicadores miden realidades diferentes. La subalimentación estima la proporción de personas que consume menos energía de la necesaria durante un período prolongado, mientras que la inseguridad alimentaria identifica a quienes han tenido que reducir la cantidad o calidad de sus alimentos por falta de recursos.

Esto significa que una persona puede no encontrarse técnicamente en condición de hambre crónica, pero verse obligada a eliminar alimentos nutritivos, disminuir porciones o saltarse alguna comida porque sus ingresos no cubren el costo de una dieta adecuada.

La situación afecta con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos, las familias con niños, las comunidades fronterizas y las viviendas encabezadas por mujeres. En numerosos casos, la compra de alimentos compite directamente con medicamentos, transporte, educación y otros gastos esenciales.

El representante de la FAO en República Dominicana, Rodrigo Castañeda, ha explicado que el principal desafío no es necesariamente la disponibilidad de productos, sino la capacidad económica de las familias para adquirirlos.

El país ha impulsado medidas como el aumento de la producción agropecuaria, el Programa de Alimentación Escolar y las ayudas canalizadas mediante la tarjeta Aliméntate. No obstante, permanecen importantes diferencias entre territorios y grupos sociales.

La realidad resulta especialmente visible en la frontera con Haití, donde miles de pequeños comerciantes y familias dependen del intercambio realizado en los mercados binacionales. Los altos precios, la reducción del poder adquisitivo y los efectos del cambio climático sobre la producción agrícola aumentan la vulnerabilidad.

El desarrollo de puertos secos en la zona fronteriza también genera interrogantes entre pequeños vendedores, quienes temen quedar fuera de un nuevo modelo comercial orientado a ordenar y ampliar el intercambio de mercancías.

Salir del mapa del hambre representa un avance importante para República Dominicana, pero no significa que todas las familias puedan cubrir una dieta saludable. El desafío ahora consiste en convertir el crecimiento económico y la producción disponible en acceso real a los alimentos.

La meta pendiente no es únicamente garantizar arroz, aceite o huevos en la mesa, sino conseguir que las familias puedan comprar proteínas, frutas, vegetales y otros productos necesarios sin tener que sacrificar medicamentos, educación o servicios básicos.

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