Ceuta, una ciudad española ubicada en el norte de África y fronteriza con Marruecos, se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la migración irregular hacia Europa.
Cada año, miles de personas provenientes de distintos países africanos intentan cruzar la frontera con la esperanza de llegar a territorio europeo en busca de mejores oportunidades de vida. Algunos lo hacen escalando la doble valla fronteriza, mientras que otros arriesgan su vida nadando alrededor de los espigones que separan Marruecos de Ceuta.
La situación alcanzó notoriedad internacional en mayo de 2021, cuando cerca de 10,000 migrantes ingresaron a Ceuta en apenas dos días, generando una crisis humanitaria y diplomática entre España y Marruecos.
Desde entonces, las autoridades españolas han reforzado la seguridad en la frontera con la Guardia Civil y otros organismos, mientras la Unión Europea mantiene el tema migratorio como una de sus principales preocupaciones.
La llamada «crisis de Ceuta» refleja un fenómeno mucho más amplio: miles de personas continúan abandonando sus países debido a la pobreza, los conflictos armados, la persecución o la falta de oportunidades, enfrentándose a peligros extremos con la esperanza de construir un futuro mejor en Europa.
